La ley del silencio
Callar ante el poder. Ser sumiso ante aquel que sabes más fuerte que tú por miedo a las represalias. Cerrar la boca, tragarse las palabras, morderse la lengua. La cruda realidad de las altas esferas de la sociedad, donde tener éxito es más importante que tener dignidad.
Harvey Weinstein es el más claro ejemplo de que hay mundos en los que no es oro todo lo que reluce. Hollywood, el paraíso del cine para los cinéfilos y el lugar donde todos querrían vivir el sueño americana, es en realidad una caja de pandora cerrada con billetes y mentiras, con abusos de poder y arrogancias, que tapan un hedor que en nuestra sociedad actual, no iba a tardar mucho tiempo en ser descubierto.
Gracias a nuestro avance como sociedad, dejamos de callarnos ante las injusticias de cualquier índole. Cada vez son más los casos que salen a luz de machismo, sexismo, o cualquier otra forma de abuso sobre una persona. No es que haya habido un boom de malos comportamientos. Nada más lejos de la realidad. Lo que ha ocurrido es que por fin se ha perdido el miedo a hablar. Hemos conseguido que como sociedad podemos alzar la voz y sentar el respaldo ante situaciones injustas.
Se me llena el pecho de satisfacción cuando escucho a alguien rebelarse contra los poderes. En un sistema en el que el hombre vive por encima de la mujer, que la mujer que ha sido abusada sea capaz de levantarse y poner el grito al cielo para condenar ese abuso, me parece un hecho extremadamente valiente. Y ya no solo eso, sino que ahora sabemos potenciar ese levantamiento, darle eco, para que llegue a todos partes y el autor no quede impune.
Por desgracia, Hollywood debe haber sufrido cientos o miles de casos como el de Weinstein. Y nadie se atrevía a alzar la voz. Woody Allen defendió en cierta medida al director hace escasos días en unas declaraciones. Otro más al que borro de la lista de gente admirada. El abusón no necesita poder, necesito castigos. Hemos conseguido cortar las alas a los “malos” y dárselas a la voz de los “buenos” y ese debe ser el camino.
Seguirán destapándose casos de acoso por parte de hombres poderosos a mujeres que sólo querían triunfar en el cine, labrarse una carrera y llegar lo más lejos posible fruto de su talento. Seguirán desenmascarándose los acosadores y necesitaremos más que nunca respaldar a aquellas que han abierto la boca, que han aflojado la lengua y que han escupido las palabras que tanto tiempo llevaban guardándose. Jamás será una decisión sencilla la de rebelarse contra las máximas autoridades, la de ser la persona incómoda que remueve las sucias entrañas de un lugar, la de plantarse y decir basta ante el abuso de poder.
No me alegro de que se condene a Weinstein, que también, sino que me enorgullezco de que haya mujeres ejemplo que alcen la voz y se conviertan en una oda a la valentía con su ejemplo. Deseo que alcen la voz más alto, que no se callen y que nosotros, como sociedad, tendamos la mano a aquellas personas que necesiten desahogarse para seguir con sus vidas sin la presión de no poder hablar por miedo a las élites.
Dejemos atrás la ley del silencio y votemos por la ley de la valentía. Es el momento de dar voz a los débiles para derrocar a los fuertes.
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