¿Estudias o videojuegas?

Nunca he sido fan de la práctica los deportes de élite. De ninguno. Si te descubren un talento desde pequeño y alguien decide “explotarte”, prepárate para vivir un infierno hasta que alcances la cima del deporte en el que eres bueno.


Conocí una niña que tenía 6 años y al parecer era un prodigio para la gimnasia rítmica. Su vida como niña normal acabó cuando alguien con expectativas de convertir a esa niña en un talento la encontró. Pasó de ser una niña que iba al colegio, salía de él, merendaba, hacía sus deberes y se iba a la cama… a ser una niña completamente metida en el deporte. Las horas diarias que debía dedicar la niña según los entrenadores para triunfar eran inhumanas para una niña de tan poca edad. ¿Qué ocurrió? A los 14 años la niña se vio obligada a dejar el deporte por falta de ilusión de pasión. La exigencia de la élite había hecho aborrecer a una niña amante de la gimnasia rítmica en un mero robot con fines competitivos. Y eso no es todo, ya que también se habían cargado ocho años de la vida de una niña joven, alejándola de una infancia feliz.


Y como esta niña, otros miles de casos en otros cientos de deportes: fútbol, natación, sincronizada… Aquellos que hoy se mueven por la élite son el fruto de miles de horas dedicadas única y exclusivamente al deporte en concreto. ¿Dónde está el límite de exigencia? ¿Por qué no se puede compaginar una vida normal con la dedicación al deporte?


Habrá quienes piensen que “es sano” porque al fin y al cabo es dedicar tu tiempo a “deporte”. “Si el deporte es sano, ¿por qué iba a ser malo que dedique tantas horas?”


Toda esta introducción venía a colación de si los deportes electrónicos hacen que los jóvenes pierdan muchas horas para ser buenos jugadores, si los padres se deben preocupar con la excesiva dedicación de tiempo y energía a este tipo de ocio.


En mi opinión, nadie que se dedique a un deporte de élite debe haber viviDo una infancia “a su gusto”. Eso implica que la mayoría de su tiempo ha sido controlado por otras personas. Habrá jóvenes a los que les gustará, sí, pero… ¿acaso no existen también adictos al trabajo? No es sano.


Creo que esconder la realidad tras el concepto de “videojuegos” lo único que hace es normalizar la situación de aquellos deportes no electrónicos. El artículo sobre deportes electrónicos acaba con la frase: “Pero presenta el peligro de convertirse en una especie de adicción destructiva, que lleve a abandonar otras facetas de la vida.” ¿Acaso no es aplicable para el trato a los jóvenes que quieren ser llevados a la élite de un deporte como el baloncesto? ¿Acaso los entrenamientos de 4 horas no le están privando de salir a la calle a tomar algo con sus amigos?

Hay una frase en mallorquín que define perfectamente mi opinión al respecto: entre poc i massa la mesura passa, que quiere decir: entre poco y demasiado, la medida pasa.

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